sábado, 12 de febrero de 2011

sábado, 26 de diciembre de 2009

Entre el Laurel y la Gloria

ENTRE EL LAUREL Y LA GLORIA

No recuerdo quien dijo, que después de Auschwitz, no se podía escribir poesía. Por suerte, aun pueden los poetas escribir, y recitar sus versos, como un patriota, no patriotero, con dolor y pena, por los héroes caídos, y a veces olvidados. A mi me ocurre que cuando escribo sobre ellos, mi voz, en este caso, mi palabra escrita, es individual, pero poderosa y firme, y me importa un bledo, algo así, como un carajo, las opiniones demagogas, y falaces, de algún que otro estulto. Mis palabras, no son como algunas, que se cuelan por cualquier rendija, asomando con timidez la cabeza, para poder respirar en libertad; ellas ya nacen libres, procaces o tímidas, con o sin vergüenza, desde que se forjan en mis pensamientos. Como saben el virtuosismo de la palabra, hace que los versos de amor, hacia los que dieron sus vidas por la Patria, se complementen recíprocamente, entre el laurel y la gloria; el laurel, la rama del honor, siempre va unido a ese sentimiento sublime, como es el amor; el héroe tiene de por sí, a la gloria ganada, la que ennoblece e ilustra una buena acción; y el sentimiento, es la perfección del poema. Cuando veía a aquél anciano, apoyado en su bastón, con su perenne sonrisa, recorrer las tumbas, en La Purísima, sabía que su semblante significaba mucho, porque siempre, una sonrisa enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece, en este caso, enaltecía al anciano, dibujándose en su cara, y en sus ojos, el resplandor de los poemas que escribía. Apenas duraba varios segundos, pero su recuerdo, jamás se me ha borrado. En los años ochenta, con algo de candidez, tuve el atrevimiento de escribir estos versos de protesta, “protestones”, como un amigo me dijo entonces, que eran: “Españoles que de Melilla habláis/ sin honor y sin razón./ Os suplico que penséis: ¡es España!,/ y como tal, lo hagáis, con el corazón”. ¡Pues eso!.

lunes, 7 de diciembre de 2009

HACE TREINTA Y SEIS AÑOS

En septiembre de 1973, hace ahora treinta y seis años, el dictador Pinochet, ordenó asesinar, junto a varios miles de chilenos, al poeta, Victor Jara. Mientras sus verdugos, tomaban sus descansos, cuando lo torturaban en el Estadio Chile, de la capital, Santiago, en estos ratos, ensangrentado, dolorido, y con las manos rotas, tuvo tiempo de escribir estos versos desgarradores, que un amigo, guardó y más tarde distribuyó, como un valioso tesoro: “¡Ay!, canto que mal que sales/ cuando tengo que cantar espanto. / Espanto como el que vivo./ Espanto como el que muero,/ de verme entre tantos y tantos/ momento de infinito/ en que el silencio y el grito,/ son las metas de este canto/ lo que veo nunca vi,/ lo que he sentido, y lo que siento/ harán brotar el momento….”. La palabra: “sale”, del primer verso, hay quien opina que, debido a que el papel estaba muy deteriorado, era: “sabes”. Como todos los poetas, Victor Jara, transformaba en belleza, toda la mierda y la detritus asesina de la dictadura de su país, auspiciada por Nixon, el “emperador del mundo”, de entonces. Hay quien compara, por la similitud de sus muertes, con nuestro poeta Federico García Lorca, y Victor Jara; como también a Franco y a Pinochet. A ambos, como grandes tiranos, les gustaba tener la fama de liberadores, y los dos con el mismo odio hacia los comunistas. También los dos fueron “bendecidos” por la Santa Madre Iglesia, y no solo sembraron sus naciones con cientos de cadáveres, sino que condenaron, bajo las botas y las armas, al silencio a millones de ciudadanos. Tal delirio “liberador” llegó a ser en España, que el Generalísimo entraba bajo palio en las iglesias; como también en noviembre de 1937, en La Coruña, el Gobernador, propuso la eliminación de la hoja del Registro Civil, donde figuraba inscrito el líder republicano, D. Santiago Casares Quiroga, nacido el 8 de mayo de 1884. Al traidor y asesino Pinochet, también como buen “liberador”, ni se inmutaba dando las órdenes de que lanzaran, desde un avión, al mar, a prisioneros políticos; y después, de unas manos “santas” recibía la comunión sin pestañear. El epitafio que mucha gente quisiera leer en ambas tumbas sería: “Aquí yace un traidor a su patria, y del presidente que lo nombró. Padre, esposo y asesino”.

domingo, 6 de diciembre de 2009

EL AMANECER DE LAS ROSAS EN LOS JARDINES DE LA “MANQUITA”

Hace años caminaba yo por los jardines de la Catedral de Málaga, en la parte que da a la calle del Cister, calle denominada así por el convento de las monjas cistercienses que se encuentra en la misma, camino de mi trabajo hacia el antiguo edificio de Correos, en el Parque, cuando un joven enlutado me abordó con una pregunta que siempre la recuerdo, por lo impronta y sorprendente que me pareció: “Señor, (me dijo), sería usted tan amable de decirle a esa rosa que sonría, por favor”. Se refería a los rosales que existen en los jardines de la puerta lateral de la Catedral en esa calle, siempre florida, imponiéndose entre todas, unas rosas que nadie se atrevía a cortar. El joven llevaba una negra barba muy poblada, que para aquéllos años, finales del franquismo, solo eran los llamados “progres” quienes las llevaban. Vestía un traje negro con una capa española, y tocado con la típica chapela. Al principio creí que algo no le funcionaba debajo de esa gran boina, pero al entregarme una cuartilla emborronada sin pedirme nada a cambio, mi sentimiento más humano se estremeció cuando me abrió lo más íntimo de su corazón; el secreto escondido en su mente juvenil y virgen con exquisito recogimiento, al leer: “Quién me diese alas como de paloma para volar al seno de la que ama mi alma”. Desde ese día, cada mañana, me esperaba apoyado en las pequeñas columnas de mármol junto al jardín para, tras el saludo, leerme uno de sus poemas, que yo egoístamente le pedía que me los firmase: “Hoy aquélla rosa está disgustada porque no la he acariciado”, me decía de vez en cuando.

Aquél poeta con chapela y capa española enlazaba la prosa de vivir con la poesía de sus ensueños de orate bueno en una perfecta armonía; la suya, la de los que poseen un mundo particular. Él tenía todo lo que un poeta debe tener: una gran multitud de colores resplandecientes en el alma. La “Manquita”, la catedral malacitana, llamada así por los malagueños porque solo tiene una torre, y su jardín de la calle del Cister, ya no saludan sus rosas a aquél joven que decía que la tristeza es un muro entre dos jardines. Yo creo que era el de su inmaculada mente y el las rosas que nos sonreían cada mañana.

akí se habla, el andalú

“AKÍ ER KAHTEYANO NO LO ABLAMOH MALAMENTE, ZE ABLA BIEN EL ANDALÚ”

“Akí er kahteyano no lo ablamoh malamente, ze abla bien el andalú”. Ese es el título de un artículo, que pude leer en un periódico de Málaga. Más adelante, como una especie de entradilla, sigue: “La zoziedá pal Ehtudio´el Anadalú defiende argo que rekonoze el Ehtatuto d´Autonomía i k´ezihte kon identidá propia, como el andalú”. Cuando mi mujer me lo puso ante los ojos para que lo “descifrara”, al principio creía que era una lengua extranjera, pero apenas leí: “Akí er kahteyano…”, ¡tela marinera!, lo primero que hice fue sonreír con satisfacción. Sonreía, con satisfacción, porque hace algunos años un señor muy encopetado, me dijo que en Andalucía se habla muy mal el castellano, y aun peor, en los pueblos. Hombre, le dije, no va usted a comparar el deje de cualquier pueblo de Andalucía como el castellano que se habla en Valladolid; sería absurdo, ya que ese acento tan castellano, con sus eses y des finales, sería muy difícil que las pronunciara un niño nacido y criado en Bollullos del Condado. “Una azoziazión de vecino y treh bareh”, han optado por elaborar una guía para que sus establecimientos rotulen sus nombres en andaluz, y “an zío, komerzioh de Marxena (Zeviya), loh bareh son: La Paraíta, Er Jaleo i Er Bul-laero”. Y ustedes se preguntarán a qué viene toda esta jerga, que para algunos es una jerigonza. Verán: viene a cuento, porque no creo que nadie cuestione que ese lenguaje, que mucha gente en nuestra ciudad, crisol de todas las regiones de España, y parte del Rif (Marruecos), también se chamulla a medias, es tan español como el que se habla en Badajoz, o Jaén, por ejemplo. Otra cosa es el que algunas personas, con su semántica, y muy de: “aquí estoy yo, con mi educada retranca, porque soy muy leído y estudiado”, nos quieran endilgar una lengua, porque en la ciudad lo hablen la mitad de sus habitantes; aun a sabiendas de que es un lenguaje extranjero, eso si, protegido por nuestras leyes e instituciones, (art. 5º-H de nuestro Estatuto), y que el único que saldría ganando con ello sería Mohamed VI, ayudado por los quintacolumnistas. Quizás, no sé, a lo mejor, pudiera ser, que con estas opiniones recojo fobias, como cuando me recomendaron que me tomara un vasito de leche y me acostara. Yo, lo siento mucho pero, como humilde escribidor que soy, me importa un bledo (léase el taco que más le agrade) esas fobias y aversiones que puedan tener hacia mi persona.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Un partido partido en pedazos

El sentido racional que está teniendo Rajoy en esta recién estrenada legislatura, apoyando al Gobierno en temas como el terrorismo, es muy loable y debemos felicitarnos todos; incluidos los que no le hemos votado, cosa que ha producido desagrado en las filas de los conservadores de la derecha montaraz. Eso es lo que se llama ser un verdadero líder de oposición, que ha dejado atrás la bronca, los insultos y las malas formas con que le brindaron a Zapatero en estos cuatro últimos años. Recuerdo las zancadillas que le hicieron a Suárez sus mismos compañeros, obligándole a dimitir. Los restos de aquél naufragio con que construyeron el nuevo PP, fíjense que Fraga decía:”a mi derecha, nadie”, debieran guardarlo en una gran urna con antipolilla para la Historia, y dejar que trabaje, con los tiempos modernos, la savia joven de la democracia, que los hay muy buenos. Por el bien de esta democracia, yo espero que Rajoy aguante los embates de esa desbandada, porque una oposición fuerte y unida es la que necesita España, y no el circo que le tienen montado, donde le están creciendo todas las personas bajitas –enanos, con perdón-, como el que vemos en televisión en la calle Génova, con insultos, pancartas y broncas a los moderados, como lo es Gallardón, que más bien se parece a las ocho manifestaciones que le montaron a Zapatero en la anterior legislatura, donde se podían ver a obispos y curas con gorras para el ardiente sol. Son los mismos que lo vitoreaban, y las mujeres que besaban su sonrisa barbada, llena de afabilidad, y aplaudían a su “niña” en los mítines de hace pocos meses.

Yo veo a Rajoy como un único torero en el ruedo político de su partido, enfrentándose con seis miuras y también, injustamente, el que recibe todos los abucheos de sus compañeros desde el tendido siete, que es, según muchos aficionados de Las Ventas, de donde salen los insultos hacia los malos lidiadores, a pesar de haberles cortado a cada uno de ellos las orejas y los rabos.

Como dice Manuel Rivas, yo de él los pondría a todos a estudiar Educación para la Ciudadanía.

Un partido de futbol entre niñosricos y niños pobres

Leyendo el último artículo: “El Balón”, de Manuel Vicent, (El País, domingo 06/09/09), refiriéndose a un partido de fútbol en un arrabal, entre niños ricos y niños pobres, mientras los pobres daban patadas a una pelota de trapo, los ricos lo hacían sobre un balón de verdad, siendo éste de propiedad de un niño rico y caprichoso, que cuando invitaba a los pobres -por lástima- a jugar un partido, y estos le iban ganando, sin mediar palabra, cogía su balón y: ¡hale, se acabó!, como el balón es mío, aquí no juega nadie. Vicent, haciendo un símil del niño rico y su balón, con la derecha española, se refiere a que este grupo político se ha creído siempre dueño del balón, cuando propiamente es el Estado el dueño del balón de reglamento, con el que todos tenemos el derecho a jugar con él, respetando las instituciones, que para el caso son ese reglamento. Dice Vicent que “cuando el PP se siente perdido, atrapado por la corrupción de algunos de sus políticos”, se cabrea y, sin inmutarse, carga contra todo lo que se menea, comportándose como el niño rico, dueño del balón: “como me estáis metiendo tantos goles, me llevo “mi” balón, ¡hale!”. El escritor castellonense dice que la izquierda debería saber –a estas alturas- que solo será admitida en el juego si conserva intacto su “acomplejamiento de okupa en el partido de fútbol”, comportándose como invitada, o a lo sumo como realquilada, respetando las reglas del amo, puesto que la derecha se siente por naturaleza la dueña de la cancha, del balón, y del árbitro”. Yo digo que cuando en España todo marcha cojonudamente, la derecha no reparte nada de beneficios, siendo todo de ella, y para ella; pero cuando va mal, como ahora ocurre en el mundo mundial, los sacrificios que los sufra la izquierda.

Hay que predicar con el ejemplo

La adolescencia, y juventud, transcurridas durante el periodo de la dictadura, para algunos de mi edad, fue algo severo: “Hijo, tú nunca te metas en política, ni te apuntes a ningún partido”, me decía mi abuela. Quienes podían hablar de política eran los políticos, o sea, los “jerifaltes” del régimen; y quienes osaban hacerlo en las siniestras trastiendas de la dictadura, a escondidas, claro está, o los fichaban por rojos, o los encerraban en la cárcel. Y si te hacías amigo de personas de dudosa afinidad política, tus jefes, te decían que eras un “rojete alborotadillo”, cuando realmente eras un fiel cumplidor de tu trabajo, con un inmaculado expediente. Otros, cuando te veían con un libro, o periódico, debajo del brazo, te decían que eras un “sobaco ilustrado”. Y cuanta razón llevaban, porque algunos de esos libros, forrados con papel de estraza, eran de poetas mal vistos por el régimen, como Antonio Machado, que leías, con un ojo avizor, en los vagones del metro, o en tu cuarto realquilado: “Se le vio, caminando entre fusiles,/ por una calle larga,/ salir al campo frío,/ aun de madrugada./ Mataron a Federico/ cuando la luz asomaba./ El pelotón de verdugos/ no osó mirarle la cara./ Todos cerraron los ojos;/ rezaron: ¡ni Dios te salva!. / Muerto cayó Federico/ (…)”. Muerto Franco, cuando el advenimiento de la democracia, los que ya éramos adultos, y con unas grandes dosis de candidez, y de romanticismo, nos sentimos como agraciados, aunque con la pena de que fuese por la herencia de la sangre, el sudor, y muchas lágrimas, que nos dejaron nuestros mayores por el camino. Entonces todo el mundo creía en el espíritu de servicio que todo político debe tener al ocupar un cargo público, sea en el gobierno o en la oposición. En la actualidad el espectáculo tan bochornoso que algunos de ellos nos están brindando a la ciudadanía, es de una desfachatez, rayana en la desvergüenza supina. El ejemplo, sin nombrar el chaparrón que le está cayendo a diario al PP, el alcalde de Alcaucín, pueblo cercano a Vélez Málaga, ya no pertenece al PSOE, sus dirigentes, fulminantemente, le han dado puerta por su detención al ser imputado en una trama de hechos delictivos. Al de Alhaurín el Grande, del PP, el que dijo que estábamos en la república bananera de Zapatero, en vez de hacer con él igual, un compañero suyo dice que es “una persecución política del PSOE, en connivencia”, pero no dice con quién es esa connivencia. Todo esto de mirar la paja en el ojo ajeno y no darse cuenta de la viga que se lleva en el propio, viene a cuento cuando aquél mal estudiante que enumerando, a petición del profesor, las propiedades características del sulfhídrico (azufre e hidrógeno) al buen tuntún vino a decir que era un ácido de olor agradable, y como el profesor, asombrado, porque ese ácido huele a demonios, o a huevos podridos, le pasase una muestra por la nariz, el estudiante cínico y caradura, con teatral delectación, como si oliera un bizcocho, relleno de crema, exclamó: “¡Y a mí, que me gusta..!”.

Mi opinión sobre el Levantamiento del Stio de Melilla (1775)

Hace unos días se celebró el 233 aniversario del Levantamiento del Sitio, y como era lógico y natural, los de CpM no han acudido al evento. No sé, pero creo que ese gesto les honra, a ellos solamente, claro está, y no acuden quizás porque fue una derrota del Sultán Mohamed, y de sus hijos Alí, y Maimón. Nuestra bandera, como dice Imbroda, “nos da amparo, y es como un manto a todos los melillenses”, y yo pregunto: ¿de verdad que se consideran españoles?, porque melillenses si que lo son, si es que tienen la nacionalidad española, y no como algunos que poseen las dos, como aquello de estar en Pinto y en Valdemoro, o en Beni Enzar y en la Hípica, o también en las Verdes y en las Maduras, que más bien en estas últimas. El Presidente dice que ese acto se celebrará “hasta que los melillenses quieran, aunque los que después sigan gobernando tendrán que seguir haciéndolo porque este acto no se puede terminar”. La tradición, la convivencia, y la Historia (ésta, con mayúscula) jamás debemos apartarlas de nuestra vida diaria; porque son las nuestras, tan españolas, como las fallas valencianas, o la Feria de Abril sevillana, sin aditivos extraños, provenientes del otro lado de Beni Enzar, que las hacen ser descafeinadas para muchas miradas ignorantes, algunas capciosas y descalificadoras desde esta otra orilla peninsular; como algunos programas de TV, donde únicamente sacan la inmigración y los barrios del arrabal, como los del Príncipe Alfonso, La Cañada de la Muerte, o el de Los Cuernos, omitiendo lo que los distintos gobiernos del Estado, en todas las épocas, han invertido en la Ciudad, y que los locales, con sus tiras y aflojas, dimes y diretes, han llevado a cabo como mejor han podido, resultando lo que hoy podemos disfrutar en nuestras calles.

Aunque sea “un acto oficial, y a veces, al margen de la vida cotidiana”, para mucha gente no nos valen disculpas hacia nadie, y mucho menos a los que son representantes de los que los han votado; cosa que si un político acude a ella, que sea en representación de su partido, o sea, de esos miles de personas, y no ir sola y de “esquinilla”. Porque ya me gustaría saber si la representante del PSOE acudió en representación de su partido o fue por propia iniciativa personal, que también es de admirar.

El señor Aznar, ¡ay!, señor José María, patético héroe de Perejil, el mejor Presidente de la democracia, según los suyos, aun siente de veras que hizo lo que debía, al enviar tropas a Irak, a pesar del gran clamor de toda España donde le decían, ladrando el rencor por las esquinas: “¡No a la guerra!”. Según este señor: “En Irak hay libertad, seguridad no idílica, pero buena”. Pienso que alabando la virtud, como es la discreción, Salomón dijo: “Quien guarda su boca, guarda su alma”. Y en nuestro refranero se suele decir: “Yo sé que me sé, mas esto callarlo he”.

La placidez en el franquismo

La anciana, con su exquisita bondad de madre sufridora por la muerte de su único hijo, fusilado en la guerra del 36, le hacía ser una viejecita de belleza trágica. Su marido, un aragonés culto y noble de espíritu, era el guardián de sus temerosos silencios en el hogar. Eran unos de tantos profesores depurados que daban clases en sus hogares, y que hablaban inglés, francés y ruso. Muchas tardes, sin haber almorzado, por carecer de dinero para comprar comida, ella rascaba las cuerdas de un viejo violín y él la acompañaba aporreando un piano vertical. Eso sí, esto lo hacían, plácida y sosegadamente, pero con mucha hambre. También pertenecían a un grupo de clac, donde acudían una vez al mes al teatro para ver siempre las reposiciones de zarzuelas. En el mismo rellano de escalera vivía una mujer octogenaria, que decían que en su juventud había sido una hermosa cupletista. A esta señora se le iban yendo poco a poco las palabras, que jamás volvían, llegando al mutismo que le impuso el señor Alzheimer. Al atardecer se le podía ver, como un galgo con sus huesos destartalados por el reúma, del brazo de sus vecinos profesores pasear, con el mordisco del hambre en su estómago, también plácida y sosegadamente, por el Barrio Chino. A ella le fusilaron a su marido por pertenecer a un sindicato, pariéndo un hijo póstumo al acabar la guerra, y que a los pocos meses murió, con mucha hambre; también el angelito, muy tranquilito, se fue al limbo, plácida y sosegadamente. Decía que el vacío que le quedó era su cámara sagrada, ningún hombre clavaría jamás su arpón. En las clases el profesor decía que los niños hospicianos de Teruel tenían una característica, y era que todos iban rapados al cero salvo un mechoncito en la frente. Él era asiduo de tertulias en la trastienda de una librería, donde solo se hablaba de poetas y de poesía, (eso decían). También era visitada por señores muy trajeados que solo buscaban libros “prohibidos”. Un tertuliano con las arrugas de sabiduría bondadosa, solía decir que hay quien tiene la fe en lo más profundo: en el vacío, en la nada, y otros creen en Dios, por si acaso. También comentaba que Franco primero hizo trizas a España, convirtiéndola en su cortijo; más tarde, plácida y sosegadamente, creó los pobres, y la señora Mercedes Sanz de Bobadilla, esposa de Onésimo Redondo, inventó el Auxilio de Invierno, que más tarde sería el famosísimo Auxilio Social. Muy cerca del lugar de sus paseos existía una “clínica” donde inyectaban las famosas “Wasserman”; inyecciones que servían para curar las enfermedades venéreas que los hombres se contagiaban en las casas de citas donde existían “rincones de amor cortés”. Decía entonces que muchas mujeres chillaban mucho porque eran de orgasmo contenido. El jadeo placentero como era un pecado mortal, solo lo hacían las putas. Eran los años en que cuando a alguien se le caía un trozo de pan al suelo, solía darle un beso antes de metérselo en la boca; el aragonés lo hacía cada vez que se le caía un libro, porque para él los libros sí que eran sagrados. Con su gracia andaluza comentaba que en las alocuciones del General Queipo de Llano en Sevilla, durante la guerra, había un anuncio que decía: “Oh, qué lindos colores, Tintes Revi, son los mejores”. Con esa sutileza de estas tierras, decía que era el propio general quien apostillaba su alocución política con ese anuncio. Éste andaluz, profesor depurado, encarcelado y vigilado por rojo, pasaba hambre y enseñaba a engañarla con el estudio y la cultura; haciendo historia, para que hoy en día los historiadores puedan hacer disquisiciones (sic) sobre lo que ocurrió en la grata, sosegada, tranquila y apacible dictadura de Franco, que tanto gustó al señor Oreja. Y a mi que éste señor, con esa barba de abuelito de Heidi, siempre me ha parecido tranquilo, sosegado, grato y apacible. Aunque me haya pasado un pelín con respecto al espacio, no quiero dejar en el tintero que el Yahya ese, por la parte que me toca, sea nombrado: ¡¡ PERSONA NO GRATA !! en nuestra ciudad.

Una opinión sobre el laicismo

El laicismo, según nuestra RAE, es la estricta separación entre las instituciones del Estado y las iglesias, u organizaciones religiosas, por lo tanto laico es el adjetivo que se le aplica a la persona independiente de cualquier organización religiosa. Como alguien muy bien dijo en estas páginas: “Ser laico no equivale a sentir fobia contra lo sagrado, ni mucho menos, obliga a fusilar curas o a incendiar iglesias”, frase que yo le añadiría, para ser un tanto equitativa con su final, que por cierto está de más, el obligar también a gente, pistola en mano, cantar el Cara al Sol, Viva Cristo Rey, dar aceite de ricino a mujeres peladas a rape, y fusilar en las cunetas a personas inocentes; y todo ello por el hecho de no asistir a misa, o ser de izquierdas, o sea, ser un rojo. Hay quien piensa que la ciencia es más importante que los prejuicios y las supersticiones de cualquier religión, ya que dentro de una educación laica y pública solamente se pueden transmitir conocimientos científicos y principios constitucionales: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Decía Manuel Vicent, que “La Iglesia en España tiene aun mucho poder. Es propietaria de nuestro cerebro límbico, donde residen todas las emociones que nos han inoculado antes del uso de la razón, antes de que supiéramos algo del bien y del mal, el cielo y el infierno, el miedo y la muerte, los dogmas del catecismo, las patrias, los símbolos, y las banderas. Todo ello amasado con los aromas, sonidos y sabores de los sentidos en estado de naturaleza cuando aun no se habían desarrollado. Es un disco duro que la Iglesia transmite a través de la educación; un bocado que no está dispuesta a soltar”. Yo creo que la cultura tiene su propia ideología, y ésta no puede ser otra que progresista, y nunca impuesta, y mucho menos mirando al pasado acabado. Decía Quevedo que el tiempo no vuelve ni tropieza; por eso si el cambio de nombres de algunas calles de nuestras ciudades de su antigua toponimia, se adapta a la Memoria Histórica, produce alguna que otra ampolla, habría que usar el ungüento mágico llamado: Democracia.

Sin memoria ni respeto

Ahora resulta que a mis años, después de sentir España como cualquiera de mis familiares y amigos, y haber jurado, hace un taco de años, fidelidad a la Bandera en Viator, no soy español. De verdad que me siento un poco alicaído, triste, apenado, y dado el día gris y lluvioso que hace, también melancólico, y todo es porque, el joven dirigente de NNGG del PP, de apellido Casado, dice que: “La inmensa mayoría de jóvenes españoles son del PP, y no lo saben”; también que: “Ser de izquierdas ya no está de moda, porque los de izquierdas son unos carcas”; y yo, tonto de mi, en qué estaría pensando, que siempre creí que los carcas eran los de derechas. O sea, que desde que pude discernir, y decantarme, por la acción política que me agrada hace años, y no identificándome con AP, y su sucesor, el PP, resulta que, según este joven aguerrido de derechas, soy un apátrida, y la vez un carca, como la inmensa mayoría de puretas de mi edad, y también de actuales chavales que no se identifican con su democrático partido, que creo son la inmensa mayoría de los universitarios de España. Pienso que para él, los actuales docentes españoles, jóvenes y viejos, todos son del PP, y si son de otra formación política, pertenecen a una organización satánica que adoctrinan los socialistas. Quizás sea porque éstos discuten, hablan, opinan, le llevan la contraria al sunsuncorda, que si son galgos o podencos, y después: vota cada uno como le viene en gana. Ellos no, porque su comportamiento nacional-católico, lleno de creencias religiosas heredadas, que muchos ni creen, se lo impide. Para este joven los que somos de izquierdas somos unos rojos que traicionamos a España, removiendo “La guerra del abuelo y las fosas de no sé quién”. Este chavalote, tan majo, tuvo su momento de gloria, su buen chute de moralina derechona, entre sus adeptos palmeros abanderados, y claro, con el increscendo en su discurso hizo el “totum-revolutum”, donde mezclaba la gimnasia con la magnesia, y las merinas con las churras, que mucha gente cree que calcó de lo que Hitler decía en la segunda década del siglo pasado, saliéndole un gran churro, por no decir, una gran cagada, y lo digo porque el desprecio que hizo hacia los hijos y nietos que buscan a sus familiares fusilados fue, por su ignorancia supina, muy triste, cosa que debiera hacerle reflexionar por el gran futuro que tendrá en el PP, porque con esas afirmaciones, seguro que llegará lejos, si es que no lo defenestran antes.

El efecto lavativa promovido por Papuchi

Si me lo permiten les diré que hoy me siento muy feliz, y cuando uno se siente lleno de dicha, es porque cree que ha hecho algo bueno. Primero: porque mis artículos de los Personajes y Héroes, que contribuyeron a que Melilla siga siendo española, y su cultura occidental, de sombra y ampare, con nuestra Carta Magna, a cuatro religiones distintas, son la base para que exista un debate entre personas civilizadas. Segundo: porque están sirviendo de “efecto lavativa”, como si fuese algo terapéutico para las tripas, y vías urinarias, mayormente para los que están estreñidos de rencor y de victimismo; y eso, ni que decir tiene, es estupendo. Por ejemplo: una lavativa de 1 litro de agua, de alguna hierba aromática, a 37º, que es poco más o menos la temperatura del cuerpo, introducida por el anillo de cuero, ergo ano, hace el efecto como el de alguien que ha soltado toda su demagogia peyorativa en estas páginas, llamándonos a algunos melillenses: “estopiñanos de pedigrí”, por lo de D. Pedro de Estopiñán; “colegas de genes segregacionistas”; algo así como que somos racistas de mierda, pero en fino. Según algunas personas mis artículos sobre esos héroes son como el Código Morse, donde vierto mi frustración; y yo les contesto que tendrán que joderse un tiempo, porque Melilla tiene un buen número de personajes ilustres, que trabajaron, y héroes que dieron sus vidas, para que ese alguien pueda decir lo que dice en estas páginas; así que hay “Personajes”, para rato. Si, como dicen que, algunos melillenses, de origen rifeño, marroquí, (que yo no entiendo porqué dicen amazigh, cuando de toda la vida han sido rifeños) tienen que emigrar para buscarse la jala fuera de la ciudad, ya los hubo, y siguen habiéndolos, de origen peninsular, español, que también lo hicieron, y siguen haciéndolo para poder vivir, y siempre con la dignidad de buen español y melillense, llevando, por donde van, sin chauvinismo alguno, nuestra ciudad como abanderada. Si, en mis artículos, digo que debemos mantener la cultura occidental en la ciudad, tengo todo el derecho de decirlo, porque me da la gana. Y haciendo un poco de pedagogía, también, humildemente, escribo para los que ignoran y puedan debatir, consultando datos, con coherencia y educación, pero sin faltar el respeto a nadie, como es: llamarnos racistas cada vez que su absurdo victimismo rebose de rencor, cosa que particularmente a este que les escribe, ese rencor, y ese victimismo le importa un carajo. Como alguien dice que soy uno de los “articulistas oportunos”, que recurro a la Historia, para “manipular datos, y hechos históricos, y percibo un sueldo fijo”, por favor, le ruego a la persona que esté al corriente que me diga: quiénes, donde, como y cuanto jurdó me ingresan. Lo digo por Hacienda.

D. Francisco de Quevedo y Villegas, aparte de que fue un poco pendón, y un defensor de nuestra cultura, española, por supuesto, respecto a lo escatológico que me refiero al principio, sobre el “efecto lavativa”, decía: “Spiracula culi foctida el iterata juvent ventren”; que en el idioma que nos trajo, e implantó, hace ya 512 años, D. Pedro de Estopiñán y Virués, que tan denostado está por ciertas personas, dice: “Las respiraciones hediondas del culo reiteradas alivian el vientre”. Yo también digo, y proclamo, a viva voz: ¡¡Viva la Paz!!, por supuesto, ¡joder!. Tahar Ben Jelloun en su libro: “Papá, ¿qué es el racismo?”, responde a una niña de 10 años de una manera pertinente, para una cría de su edad. Yo contestaría en Román Paladino, no a la niña, por supuesto: “¿Qué quieres que te diga?, es como la homofobia que existe en más de ochenta países islámicos, donde persiguen a los mariquitas y a las lesbianas, o el maltrato a las mujeres que apedrean, lapidándolas, porque se han acostado con otro hombre que no es su marido, clasificándolas a todas como seres inferiores. Imagínate tú un gran río de mierda licuada donde cada día abrevan un montón de cabrones intolerantes. Eso es el racismo, corazón mío”.

Un jamon en el cielo

Dice Manuel Vicent que los protestantes se relacionan con Dios de forma íntima y personal, todo lo contrario a los católicos que lo hacen ineludiblemente, a través de un cura, en el confesionario. Si un protestante comete un pecado muy chungo, grave en este caso, la culpa y el perdón lo convertirán en un neurótico, con unos dolores en cabeza, de caballo, como si alguien se la apretara con una gran tenaza, hasta que se le olvidara de respirar. En cambio, un católico, puede robar, matar, violar, y seguir llevando una vida disoluta, porque cuando la está palmando en una cama, un cura le absuelve, dándole un pase para ser recibido en el reino de los cielos, por un coro de angelitos, como si el tío no hubiese hecho nada aquí en la tierra. Por eso al cura católico hay que tenerlo siempre a mano, como una especie de enchufe, o momio, como garantía de salvación. Yo conocí a un viejo, que poco antes de dejarnos, un cura le regaló un crucifijo, y al preguntarle por ese motivo, dijo: “Puede ser que haya algo por ahí, y me sirva de salvoconducto para llegar a mi esposa, que hace pocos días murió”. Si esta misma situación religiosa es trasladada a la vida pública, todo eso de la corrupción también es distinta, según se trate de un país católico o luterano. La democracia, como todo el mundo sabe, es un sistema hecho para sacar toda la mierda a la superficie, mediante la libertad de expresión, y por medio de los periódicos, incoloros e inodoros. Aunque tampoco hay que tirar cohetes, mientras las bombas de achique funcionen a la perfección. Los protestantes, que no son idiotas, saben que los humanos tienen las manos muy largas, y tarde o temprano la meterán en la caja, de modo que garantizan toda la pasta de forma que nadie pueda guindar un céntimo. Ellos siempre tienen a varios vigilando el jurdó publico, y si lo pillan caerá fulminado por un rayo justiciero, y allá se las entiendan con Dios. En un país católico, donde la gente, con convicciones de con una mínima penitencia. Sin ir mas lejos, ahora en España, se pueden ver dándose un garbeo, como cadáveres vivientes, unos políticos llenos de mierda por la corrupción, que andan a la espera de ser absueltos por las urnas para volver a apoltronar sus grandes culos en sus poltronas (con redundancia), para volver, entre aplausos de sus fieles palmeros; como el cura que, en plena agonía, confiesa y absuelve al creyente de cualquier crimen, para que este pueda entrar en el reino de los cielos, con un jamón, y una botella de Rioja, en las mil años de confesionario, las cabronadas pueden ser perdonadas manos, para invitar a todos los colegas que le precedieron.

Juan J. Aranda

Yahya

YAHYA, EL BARRANCO DEL LOBO, Y SU CHARLA COLOQUIO

En este periódico, del domingo 8 de noviembre, leo la noticia de que el alcalde de Beni Enzar-Farhana, Yahya, va colocar un monolito, en “reconocimiento de los héroes marroquíes (rifeños) frente a aquéllos que quisieron colonizarlos”. También se refiere, según él, cuando el 28 de diciembre de 1909, se le infringió “una grave derrota al ejército español en el Barranco del Lobo, en el que murieron 800 españoles, y el General que estaba al mando, D. Guillermo Pintos”. Según las hemerotecas fueron 150 muertos y casi 600 heridos. Igualmente quiere organizar una charla coloquio, en la que esté presente, entre otras personas, la historiadora, María Rosa de Madariaga, y Mustafá Ktri, ilustre personaje de los Antiguos Combatientes del Ejército Marroquí. Dice que todo va a ser como “un homenaje a aquéllos combatientes que realizaron la gesta de la victoria en el Barranco del Lobo sobre el Ejército Español en la Guerra de África de 1909”. Yo me hago varias preguntas: ¿Quiénes han sido los lumbreras que han elegido a semejante masca-brevas, Presidente de la Comisión de Amistad Hispano Marroquí de los Senados de ambos países?; porque igualmente hubiera sido también Presidente de los Bollos con Manteca. A mi me agradaría preguntarle, por ejemplo, cuando el 7 de julio de 1909: Mohamed Mizzián, Chandly, de Mazuza, Abdelkader, de Beni Sicar, Al Cal de Beni Sidel, Mohan Mizzián, de Beni Bugafar, y Omar, de Mtalza, con su fogosidad, y odio a los españoles, porqué animó a todos ellos a la lucha, sin piedad, contra el infiel. Lamentablemente, dos días después, el 9 de julio, (calle en el Real), esa lucha sin piedad se materializó con los asesinatos, a sangre fría, de los indefensos obreros de la línea del ferrocarril, en la 2ª Caseta: Emilio Esteban, Cristóbal Sánchez, Salvador Pérez, y Tomás Almeida. También, a mucha gente nos gustaría saber si en esa charla-coloquio, se comentará cuando el 29 de septiembre de 1909, a las 7,55 horas de esa mañana, un oficial con seis soldados de la Disciplinaria, plantaron la bandera española, y las salvas de alegría disparadas desde el Cerro de Camellos, naciendo la famosa jota: “Hoy la Virgen del Pilar/ nos dio valor y salud/ para poder escalar/ el alto del Gurugú”. Y sobre la muerte del glorioso General D. Guillermo Pintos Ledesma, sabe muy bien que murió por una bala traicionera de uno de los muchos franco-tiradores que se apostaron en esas rocas, dando fama al lugar donde cayó como: “La Piedra Pintos”.

También deberá comentar la horrenda muerte que tuvo el Pretendiente Yilali Ben Salem Dris Mohamed el Zherumi, “Bu Hamara”, también llamado “El Hombre de la Burra”, amigo de España, cuando cayó en las manos del Sultán, Muley Hafid, por ser eso, su Pretendiente. También hablar del art. 4º del Convenio de 1894, en el que autoriza Marruecos a España para ocupar parte de los límites fronterizos de Melilla, en evitación de los desmanes que pudieran hacer los belicosos fronterizos, que no respetaban ni al Sultán, ni al mismo Roghi, quien era de lo más sanguinario con sus prisioneros. Por lo tanto los que atacaron a las tropas españolas en el Gurugú, no eran tropas regulares del Ejército de Marruecos, sino los sicarios de los que se reunieron el 7 de julio para dar muerte a los “españoles infieles”.

Juan J. Aranda

jueves, 12 de noviembre de 2009

sábado, 25 de julio de 2009

una de pasodobles

UNA DE PASODOBLES
Si en la actualidad, alguien me preguntase si aún soy músico, le contestaría: que en parte, solo a medias, y con pesar. Pero en el solfeo, es como montar en bicicleta, que jamás se olvida; pero la práctica de cualquier instrumento, si no se machaca diariamente, llega el momento de perder la embocadura, como a mi me ocurrió con el trombón. Pero ahora, eso si, la afición a escuchar una partitura que te gusta, mientras lees, escribes, trabajas, o conduces tu coche, hay que reconocer que es una gozada. Yo, como ya tengo una edad, que si observo un cuadro, un edificio modernista, de los muchos que existen en nuestra ciudad, o un paisaje bucólico de río que discurre en una arboleda quieta, siento una verdadera felicidad. Pero también siento extrañeza, dándome que pensar, que alguien pueda confundir un genocidio, que es el exterminio sistemático de un grupo social (personas) por motivo de raza, de etnia, de religión, de política, o de nacionalidad, por la afición a la mal llamada: “fiesta nacional”, como son los toros. Y si después de llamar a esos aficionados a la “fiesta”: “chusma nacional e internacional”, recomendándole una cura psiquiátrica, le endiña a uno de ellos: “un cordial y afectuoso saludo”, pienso que no concuerdan, no casan las definiciones; claro que lo cortés no quita lo valiente, aunque a alguien con una mente guasona, le pueda parecer una burla fina y disimulada, que para el castellano de a pie, es una pura, y dura, ironía. Como al principio les decía, y también escribo estas líneas sobre la “fiesta nacional”, (manda huevos, como diría el del “Yak”, porque eso si que es una ironía), estoy escuchando: “Pan y Toros”, y si me da tiempo, seguiré con “El Gato Montés”, “Frascuelo”, “España Cañí”, “La Gracia de Dios”, y para rematar la audición me deleitaré con “Suspiros de España”, que como sabrán es una marcha militar, como todos los pasodobles, que se interpreta en compás de 2/4, en “allegro moderato”, pero si se hace “andante”, suena como una zambra, que es lo que algunas personas debieran escuchar más a menudo.
Sin que este humilde escrito sirva de polémica, diré que todos los animales irracionales, como son seres vivos, iguales que los árboles, y todas las demás plantas que nos dan vida, debemos respetar y cuidar. Dado que los españoles somos tan especiales para los refranes, sabrán que existe un refrán, que los vegetarianos no aprobarían, pero como no tiene demasiada importancia, léanlo con algo de eufemismo: “Ni te las quito, ni te las cuento; pero trece maravillas salen de un puerco”. Cuéntenlas, y ya me dirán, si las han catado alguna vez, incluidos los amantes de los seres vivos irracionales.

domingo, 19 de julio de 2009

EN MEMORIA DEL CAPITÁN DE ARTILLERÍA DON ALFREDO ROGERS MATHI
Hablando con un buen amigo, me comentaba, que ha visitado la exposición expuesta en el Casino Militar con motivo de la “Guerra de Margallo” o “Guerra del 9”. Esto me hizo recordar que, según la revista nº 2 de “España en sus Héroes”, el día 20 de julio de 1909, hace ahora un siglo, el Capitán de Artillería, don Alfredo Rogers Mathi, jefe de la Batería de Montaña de la 3ª Brigada, cayó heroicamente en combate, en la 2ª Caseta. Pero comprobando la relación de los que están clasificados, que son nueve mil trescientos cincuenta y seis (9.356) héroes que hay enterrados, y clasificados por sus nombres y apellidos, en el Cementerio de la Purísima, este héroe fue “muerto por arma de fuego el 28 de julio de 1909”.
Esto es solo una anécdota de transcribir un número, que apenas tiene importancia; pero la que sí la tiene son esos miles de muertos, enterrados y clasificados, que mucha gente parece ignorarlos en estos tiempos. Para otros, cargados los ojos de lágrimas encerradas, es como una vieja rosa roja, que aun conservamos fresca, la que nos parece una herida entre las manos que cada año, virtualmente algunos, depositamos en sus tumbas silenciosas. Sus flores, depositadas en jarros de cristal y latas, alimentan esa soledad que tienen los sepulcros, con la pena de muchos familiares, cuando se alejan después de un sepelio. El silencio de sus patios, siempre conmovedor, cuando te asomas a las murallas frente al mar, te invita a la reflexión. Su Ángel de Bronce, gigantesca estatua, dominando el camposanto, todo lleno de héroes, silenciosos testigos que son de los rezos y llantos por ellos.
A muchos melillenses, españoles de aluvión, creo que estos hechos debieran hacerles reflexionar, y eternamente agradecer a estos héroes, que sus vidas las entregaron por nuestra patria, y por nuestra ciudad, nuestra Melilla, que es la que en la actualidad ellos disfrutan, en el clima democrático, y de libertad, igualmente como los de cualquier español. También debieran tener en cuenta, que la mayoría silenciosa en la ciudad, con su perenne síndrome de Estokolmo, siempre es la que calla, pero que no otorga, siendo la que juzga con más severidad.

la tozudez de Caruana

LA ABSURDA TOZUDEZ DE PETER CARUANA
Me ha parecido más suavito la palabra: “tozudez”, que: “chulería”, lo que el ministro de Gibraltar hace siempre sobre España. Esta vez es por las aguas territoriales, que él dice que son suyas. Peter Caruana, con ese acento tan andaluz, propio de los llanitos, cree que torear a su placer a España, cada vez que le venga en ganas, le va a salir gratis. El hombre siempre se hace el longuis con el artículo X del Tratado, que en la ciudad de Utrech, el 13 de Julio de 1713, firmaron la “mal-gobernada” España y la siempre “ladina, y taimada” Britania, que entre otras cosas dice: “(…), Que la dicha propiedad se cede a la Gran Bretaña SIN JURISDICCIÓN ALGUNA TERRITORIAL, Y SIN COMUNICACIÓN ALGUNA ABIERTA CON EL PAÍS CIRCUNVECINO. (….), SI EN ALGÚN TIEMPO LA CORONA DE LA GRAN BRETAÑA LE PARECIERE CONVENIENTE DAR, VENDER, O ENAJENAR DE CUALQUIER MODO LA PROPIEDAD DE LA DICHA CIUDAD DE GIBRALTAR, SE HA CONVENIDO Y CONCORDADO POR ESTE TRATADO QUE SIEMPRE SE DARÁ A LA CORONA DE ESPAÑA LA PRIMERA ACCIÓN ANTES QUE A OTROS (Caruana y sus antecesores) PARA REDIMRILA”. No sé lo que nuestro ministro Moratinos, y su homólogo Milibanad, van a acordar el martes en Madrid, yo como español, he pensado, desde que tengo en perfecto estado el uso de la razón, igual que muchos compatriotas de todas las épocas, como el gran Carlos III decía: “Gibraltar es como una piedrecita en el zapato de España”. El liberal y progresista, Modesto Lafuente: “La pérdida de un mundo entero nos ha sido costosa y funesta, que la de esa enorme y desarmada roca enclavada en nuestro suelo patrio”. El clarividente político conservador, Cánovas del Castillo, (que no se parece en nada a sus sucesores actuales): “Por más que Inglaterra y España sean aliadas naturales en la política general del mundo, son y deben ser, mortales e irreconciliables, legítimas enemigas ahora y siempre, mientras posea Gibraltar la primera”. El Ministro de Instrucción Pública durante la II República, Salvador de Madariaga: “Para mí, el problema de Gibraltar, no es tanto la cosa que los españoles definan, sino la cosa que define a los españoles. Que España quiere Gibraltar no puede ni discutirse. No sería España si no lo quisiera. Gibraltar, el Gibraltar que España pide y quiere, es cuerpo del cuerpo de España”. Y Francisco Franco, nuestro Caudillo, por Dios y por España, (lo decían las monedas), el que detentó el poder durante 40 años, que en 1956 dijo: “Su situación geográfica la ha colocado modernamente a nuestra merced, pero la gran verdad es que Gibraltar, no vale una guerra (y él sabía mucho de ellas). Se trata de una fruta que cualquier día puede caer madura”.
Yo pienso que, hablar de Gibraltar y, desarrollar los artículos del Tratado de Utrech, sería bucear en aquéllos funestos años de la Historia de España, y como es natural, también se necesitarían muchas páginas. Yo recomiendo que leáis a Jesús Salafranca en: “Melilla y Ceuta en la encrucijada de Gibraltar”. En la parte que se refiere a Gibraltar hace una resumida, pero muy condensada referencia histórica, que vale la pena leerla. Y puestos en ello, le dais un buen repaso a la de nuestras dos ciudades hermanas, que bastante falta les hace a mucha gente que tienen un pié en Beni Enzar y el otro en la Hípica. Pero ese es otro tema que, como decía Jordi Pujol, ahora no toca.

sábado, 11 de julio de 2009

una de anchoas

LAS ANCHOAS DEL CANTÁBRICO
Viendo por la tele a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, comparando las anchoas que el presidente de Cantabria, yendo en taxi a todas partes, regala a sus amigos, políticos, incluso al Rey, (que menuda propaganda hace el tío), con los polémicos ternos que el presidente de su comunidad, dicen que ha lucido, en forma de regalos, me vino a la memoria de hace muchos años, de la bodega “Barlovento”, que había en la acera de Padre Lerchundy y la Plaza del Comandante Benítez, donde, aparte de las bebidas, también vendían encurtidos y pescados en salazón, tanto arenques, como las riquísimas anchoas. A los arenques había que apretarlos contra la puerta, y el quicio, para sacarles la piel, o liarlos en papel de estraza y pegarle varios porrazos con la maja del mortero. También las había en bocata, en “La Flor de Melilla”; y en la tienda “La Onubense”, después del ensayo de la banda de música en el Mantelete, había que llevar el bollo, que costaba 9 gordas, de la panadería “La Royal”, de la calle O´Donnell, y Andrés, con su sempiterna sonrisa bigotera, que aparte de que fue mi tío, también lo fue cojonudo, te lo llenaba, bien empapado de anchoas y de aceite. (Esta humilde anécdota es a su memoria).
La señora Rita Barberá, con su voz quebrada, y el porte briosos, de mujer que sabe lo que quiere, de verdad que a mí siempre me ha agradado, y aun sigue gustándome, -quizás sea por mi afición zarzuelera donde en “La Verbena de la Paloma”, se escucha: “Por Dios, señá Rita (déjelo ya)…”. Pero lo que me dejó un tanto perplejo fue cuando hizo la comparación de las anchoas cántabras, con los polémicos trajes. Más bien me pareció enternecedor, y conmovedor, la defensa que le hizo a su amigo y compañero de partido, al espurrear una inofensiva tinta de un virtual calamar. Yo, ante eso, y emulando al clásico barman melillense, digo: “¡Marchando, una de anchoas para la señora Rita, Alcaldesa de Valencia, y el calamar, que sea frito!”.